Investigación en Agramonte

 

Ya es la segunda vez que tengo ocasión de visitar este abandonado sanatorio de Agramonte, sin embargo en esta ocasión el misterio parecía estar más presente. La primera vez tan solo fuimos de pasada, una mirada al lugar, unas fotografías y algún intento psicofónico. En esta ocasión todo fue diferente, una investigación completa con compañeros cualificados para ello.


Vista primera del exterior del sanatorio.

 

Ese día partimos hacia el lugar, unas horas de carretera para tras dejar la autopista adentrarnos por la angosta carretera que lleva hasta el sanatorio, el equipo de investigación contaba con Maria José, subdirectora de la SEAMP, Juan Miguel Marsella, director, la delegada de esta sociedad para Zaragoza, Nerea y un servidor.
Tan solo estar frente a este edificio, hoy día agonizante, ya se puede saborear el misterio, saber que uno se encuentra frente a él.
Antes de llegar tuvimos ocasión de charlar con unos amables lugareños que nos comentaban con voz lastimosa como aquel sanatorio, orgullo en su día, hoy estaba en total abandono, muchos proyectos acerca del lugar, un parador o algún tipo de instalación para el turismo, pero lo cierto es que hasta la fecha ninguno de esos proyectos se ha consolidado, agradecer como no, aquellos amables comentarios de aquellas personas anónimas.
Ya nos encontrábamos frente a la entrada principal del edificio, diferente a otros sanatorios y hospitales que he tenido oportunidad de visitar e investigar, no demasiada altura, pero decenas de habitaciones son testigos mudos de la congoja que en su día albergarían. Como siempre digo, estos lugares a pesar de estar marcados por el sufrimiento fueron en su día también alivio para tantas personas que hallaron en él medicina y tratamiento, pero lo cierto es que siempre parece quedar en estos lugares su lado más oscuro, el sufrimiento y la desolación, para entender esto hay que tener en cuenta que por aquellas fechas en que funcionaba este sanatorio, el tratamiento para este tipo de enfermedades como la tuberculosis, carecían de específicos tratamientos, con lo que numerosos pacientes no hallaban cura para sus dolencias. Uno de los habituales tratamientos que se daba a los enfermos consistía en que respirasen aire puro, de ello que el sanatorio se ubique alejado de la ciudad y en un lugar rodeado de naturaleza y aire puro, decenas de camas se sacaban a las terrazas donde los enfermos respiraban mejor.



El equipo de investigación, Juan Marsella, Nerea, MJ Jover y Fran Recio en una inspección nocturna.



Vista exterior del edificio.



Terraza a donde se sacaban los enfermos en sus camas con el fin de que respirasen mejor.

Toda investigación comienza o en algún momento consta de un barrido fotográfico del lugar y precisamente así lo hicimos, cada fotografía cada instantánea parecía albergar vida, como si determinados sentimientos se encontrasen aún entre aquellos muros. El vandalismo como siempre y por desgracia hace presencia en este tipo de  lugares abandonados, muchos desaprensivos son los que se acercan hasta él con el fin de plasmar sus pintadas o destrozar el lugar, fuimos testigos de las incontables pintadas de todo tipo.



La clásica pintada del 666 tan habitual en este tipo de lugares siniestros. El gamberrismo también ha invadido este lugar.

 Recorriendo sus pasillos, habitaciones y demás lugares hacíamos un recorrido por la historia del lugar, visitamos el crematorio, para mí la primera vez que me adentraba en él, uno de los lugares que a día de hoy mejor se conserva, y al estar en su interior una especie de escalofrío recorrería mi cuerpo. Nos paramos en aquella terraza donde antaño ponían a los enfermos uno al lado de otro en sus camas, para respirar, al estar allí parecía como si aún se sintiera ese respirar en el silencio, muchas veces estas sensaciones se argumentan mediante la sugestión del investigador, sin embargo yo no estoy tan seguro de ello, todos los componentes de esta investigación contábamos con la suficientemente experiencia como para que la sugestión fuese mínima. Puedo constatar que al menos en mi caso el miedo, muchas veces inherente en la investigación, no hizo acto de presencia, el mayor miedo que en mi caso y en el de mis compañeros podíamos sentir podía ser acerca de los vándalos o desaprensivos que en algún momento nos pudiéramos encontrar con a saber que intenciones, por suerte y para la tranquilidad y buen curso de la investigación, esto no sucedió.



El misterio puede respirarse y sentirse en este sanatorio.



Inspección visual del interior.



Horno crematorio.

Realizamos diferentes experiencias psicofónicas, para ello contábamos con grabadoras tanto analógicas como digitales, las ubicaciones, diferentes puntos elegidos según nuestra propia intuición, resultados psicofónicos no se hicieron esperar, aunque aún a día de hoy queda material por analizar, es muy común que determinados registros sean advertidos en la segunda o tercera audición, muchos de ellos parecen aprovechar ruidos naturales para como valerse de ellos y de alguna manera modularlos para convertirlos en fonemas.
Fue precisamente y por esto que Juan, dotado de un detector de biomasa, el cual parecía advertirnos de alguna presencia con su estridente sonar, fue usado como portadora en experiencias psicofónicas, aún no podemos saber con certeza el por que aquel aparato no sugestionable advertía de “algo”, tal vez anomalías magnéticas, pero estas no fueron detectadas por la brújula, lo que hace aún  más intrigante el tema.
Nuestra base de operaciones fue montada en la capilla, lugar donde en su día se encargaría de dar esperanza a los enfermos, colocamos sensores de movimientos ya que en numerosas ocasiones hemos tenido la oportunidad de observar y escuchar como se activan sin que nadie pase ante su proximidad, pero este no fue el caso, si bien es cierto que en algún momento sonó, más bien parecía suceder lo contrario, como si enmudecieran y perdieran sensibilidad, todos los que hemos trabajado con este tipo de aparatos sabemos que son fácilmente alterables, algunos modelos incluso con una luz directa, pero algo parecía haberlos mermado, como si hubiésemos tocado el ajuste de la sensibilidad.
Acerca del tema psicofonico en investigaciones de campo, son algunos los que no creen que sea válido, sin embargo yo no lo creo así, es de sumo interés el escuchar las inclusiones y sus mensajes en este tipo de lugares, también nos ayuda en la investigación del fenómeno psicofónico en sí, pero sobre todo estudiar los mensajes, los tipos de voz o ante que preguntas o bajo que condiciones contestan. Muchas de las inclusiones obtenidas en estos lugares tienen un sentido directo y referente al lugar.
Una inspección visual del lugar, como comentaba al principio, también nos dice mucho de donde nos hayamos, por ejemplo en la sala anexa a la capilla pude observar símbolos masónicos, el símbolo del compás, uno de los pocos que en la actualidad se conserva, pero tras percatarme de este, de seguro en su día algunos más se encontrarían en este sanatorio.
Con posterioridad a la construcción de este edificio, se levantaría una capilla en el patio posterior, pero como si de una maldición se tratase un imponente árbol arrancado por el rayó cayó sobre ella, es impactante su visión.



Una capilla construida con posterioridad fue destruida por la caída de un árbol durante una tormenta como si de una maldición se tratase, como si no hubiera lugar en el sanatorio para ella.



Vista a través de las ventanas.



Sala anexa al quirófano.

Otro de los temas que en numerosas ocasiones parecen acompañar a este tipo de lugares, son los indicios de determinados rituales, no siempre relacionados con la magia más oscura pero sí, en la mayoría de los supuestos casos, en la capilla original donde teníamos ubicado nuestro puesto de mando advertimos dos pentagramas dibujados en el suelo, uno no denotaba nada, pintado de color rojo, sin embargo el segundo, pintado de color oscuro muy probablemente habría servido como base de algún o algunos rituales de tendencia negra. Cuando hablamos de rituales de magia negra es muy común que determinados investigadores cuelguen esta etiqueta tras ver cualquier tipo de simbología relacionada con los cultos mágico-esotéricos, sin embargo los que nos dedicamos a la investigación de este tipo de prácticas, sabemos que la mayoría de estas sectas, llamémosle  “serias” son muy cuidadosas con sus actos, procuran no dejar indicios ni evidencias de sus rituales o prácticas, una vez finalizados son cuidadosos en pasar inadvertidos, lo más habitual en este tipo de casos son los rituales que podríamos calificar como más “caseros” el morbo de lo oscuro y prohibido hacen en no pocas personas realizar alguna de estas prácticas de tipo oscuro y estos lugares apartados ayudan a tales fines.
Pero también el hecho de que estas sectas sean cuidadosas en no dejar rastros complica la investigación, teniendo para ello que ser extremadamente cuidadosos en la observación de pistas que nos den indicios de estas prácticas, los restos de velas pueden ser un indicio, pero mayor aún si los restos son de colores asociados a estas prácticas como el rojo o el negro, determinados símbolos escritos también nos ponen tras la pista de lo que probablemente haya podido sucederse, fuimos testigos de determinados indicios que nos harían pensar en la posible práctica de rituales oscuros en este lugar. Otra de las prácticas durante nuestra investigación fueron varias sesiones de ouija, negada por algunos investigadores. Pero ya que durante la investigación nuestra mejor arma es la mente, esta práctica puede ayudar a entrar e un estado semi modificado de conciencia, una posible vía de contacto, un estado mental propicio para que sea precisamente nuestra mente la que conecte con supuestos rastros energéticos emocionales que impregnarían el lugar. Durante diferentes sesiones se parecía contactar, advertir, el lado más oscuro de las posibles prácticas que como especie de sacrilegio se habrían hecho en el lugar.

Experimentación ouija en el interior de la capilla.



Los símbolos masónicos también están presentes en la capilla.

 


Pentagramas pintados en el suelo, dos en concreto, de seguro alguno de ellos parte de algún ritual.



La experimentación psicofónica en el lugar.

Decidimos pasar toda la noche en el interior de aquella capilla, acompañados por murciélagos que de tanto en tanto volaban por encima nuestro, como espectadores curiosos de nuestros actos.



Nuestra intención, pasar toda la noche en el interior de este abandonado sanatorio.

Nuestra intención, ser testigos en primera persona de lo que pudiera acontecer durante el transcurso de la noche. Los ruidos eran habituales, muchos claramente identificados con animales, otros los clásicos de estas edificaciones abandonadas, cierres de ventanas golpeadas por el aire y toda una serie de sonidos arrastrados por el viento, incluso en la profundidad de la noche parecía como si el soplar del viento arrastrase voces.
Para mí sin duda lo más destacable de esta investigación es la extraña sensación que parecía emanar de  la segunda planta de este sanatorio, llegados a este punto he de volver a insistir en que no se trata de sugestión, el hecho de tener experiencia en este tipo de lugares y haber visitado decenas de ellos, hacen dejar de un lado la sugestión para dar paso a lo que denominaría alarma psíquica, no estoy seguro de ser yo el inventor de esta denominación, pero desde luego el experimentado investigador parece advertir en numerosas ocasiones, lo que no quiere decir que sea siempre, pero sí en muchas, ese algo especial, ese misterio o esa impregnación.   



En estas ventanas algunos aseguran haber visto sombras o imágenes espectrales.

El futuro de este viejo sanatorio no está claro, pero el presente, un lugar donde habita el misterio.

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