Como me lo contaron te lo cuento lOS RELATOS QUE ENCONTRAREIS A CONTINUACIÓN SON RELATOS REALES QUE ALGUNAS PERSONAS NOS HAN CONTADO O NOS HAN HECHO LLEGAR. ALGUNOS PUEDEN ESTAR FIRMADOS POR LOS PROTAGONISTAS, OTROS PUEDEN SER ANONIMOS Y OTROS FIRMADOS POR LOS QUE LO HEMOS ESCRITO PERO SIN SER PROTAGONISTAS DE ELLOS, SIMPLEMENTE LOS CONTAMOS COMO NOS LO CONTARON A NOSOTROS. CUALQUIER PERSONA QUE QUIERA HACERNOS LLEGAR SU HISTORIA PUEDE HACERLO A: mariajose@seamp.net Y SERÁ PUBLICADO, SI ASI LO PEDIS, SIN PONER VUESTROS NOMBRES. LO UNICO QUE DESEAMOS CON ESTO ES QUE LA GENTE VEA QUE QUIZÁ NO ES TAN RARO LO QUE LE PASE, QUE HAY MAS GENTE EN UNA SITUACION O CON UNA HISTORIA PARECIDA Y, QUIZÁ, ALGUIEN TENGA UNA EXPLICACIÓN, UNA SOLUCIÓN, QUIEN SABE....
LA LUZ DE LA PLAYA DE CASCANTE by Carlos Soriano Apenas una semana había trascurrido desde el incendio. Ya empezaba a pensar que no lo encontraría. Que las llamas habían consumido todos los recuerdos. Habían pasado ocho años desde que me marche de aquella casa. Y siempre había encontrado una excusa para dejarlo para otro día. Total, solo eran eso, recuerdos. El tiempo se había encargado de colocarlos en el lugar que les corresponde en mi memoria y no me apetecía reavivar los detalles. Pero aquella circunstancia lo cambiaba todo. Tenía que saber si, además, habían sido “purificados” por el fuego. En aquella habitación, como un estandarte de valentía frente a la adversidad, se mantenía aún en pié lo que una vez constituyo parte importante del mobiliario de la misma. Un armario. Tiré con sumo cuidado de los tiradores. Aquellas puertas, ennegrecidas y dilatadas por el calor extremo aguantaron a regañadientes la dura prueba. Y allí estaba. Tal vez mi madre, conociendo la importancia de su contenido para mi, había refugiado, con intuitiva antelación, aquel viejo arcón dentro del armario. Lo cual no debió ser una tarea fácil teniendo en cuenta su peso. Me percaté de este detalle cuanto trate de sacarlo de allí. Una vez en el suelo, lo arrastre para alejarlo de aquella desvencijada estructura que amenazaba con caerse a pedazos. No recordaba cual de aquellas llaves abría el candado que lo custodiaba. Sentí como si hubiera reencontrado un tesoro que creía perdido, cuando al fin lo abrí. Y allí estaban. Entre, apuntes, de mi época de estudiante, que guardé con la ingenua creencia de que me servirían en el futuro; artículos y recortes de revistas y periódicos sobre arqueología, antropología, astronomía...; revistas sobre para-ciencias, misterios y enigmas; una grabadora de cassette. Entre todo aquello encontré lo que venía a buscar. Mis diarios. No fue hasta semanas después que me percaté de nuevo de su presencia. Los había ubicado en un estante de mi biblioteca y allí permanecían aún. Ni los había ojeado siquiera. Allí estaban, como uno más de mis libros. Había continuado con mi afición, solo que con algo más de presupuesto. Mi biblioteca rondaba ya el casi el centenar de libros de diversas materias, desde las puramente empíricas hasta las más radicales ciencias, llamadas de frontera. Muchas inquietudes, muchas preguntas sin respuesta. Y muy poco tiempo para procesar todo aquello. Por eso, la idea de ojear el contenido de mis diarios me parecía una empresa tediosa. Por eso, mi asombro fue mayúsculo, cuando me vi imbuido en aquella curiosa historia, manuscrita a lápiz en uno de ellos. Por eso, además de por el suceso que narraban aquellas palabras, me atrevo, después de tanto tiempo, a escribir. Porque el peso de la decepción y la desidia provocado por el devenir de la vida, de una parte, y el mejunje mediático que se paladea en los últimos tiempos en torno al “mundo del misterio”, de otra, puede liberarse de un soplo. Como quien se sacude el hombro. Cuando leí aquella corta pero curiosa experiencia, algo volvió a removerse en mi interior. El relato que paso a transcribir, es corto y relativamente simple en cuanto a contenido. Uno de los testigos, un antiguo compañero de estudios, me lo contó a modo de confesión, supongo que intuyendo en mi cierta sensibilidad por estos temas. Estos dos puntos me dan la certeza de que no mentía. Sin incluir, evidentemente, el modo en que me contó lo que me contó. Y estoy convencido de que eso fue justo lo que vivió.
Santa Cruz de Tenerife, miércoles 05 de febrero de 1997 16:07 horas
1º Caso: Lugar: Playa de Cascante, situada en la costa S.E. de la isla de La Gomera Fecha: Sin concretar. Verano de 1996 Hora: 22:00 aproximadamente. Testigos: V.M. y su padre.
Esa noche habían decido practicar uno de sus hobbies, la pe “Me extraño mucho -manifestó V.M.- por la noche suelen escucharse los murmullos de las pardelas y esa noche, nada”. La Pardela Cenicienta (Calonectris diomedea) es el ave marina más abundante en Canarias. Es una pardela grande, de color marrón en las partes superiores y blanco en las in Fue quizá debido a ese silencio reinante que motivó a que V.M. levantara la vista y observara su alrededor. Fue en ese instante cuando se percató de un intenso resplandor amarillo que procedía de lo alto de los pequeños acantilados que rodean la playa. Aquella luminosidad se apagaba y se encendía. “Era como si algo fuera a salir de detrás de las rocas, pero que no llegaba a hacerlo. Cada vez que se encendía iluminaba todo el barranco.” Le interrogue por la frecuencia entre encendido y apagado aparente y me manifestó que lo hacia lentamente pero con una cadencia constante. V.M., conocedor de lo inaccesible de aquellos riscos me negó rotundamente la posibilidad que le plantee de tratarse de los faros de algún vehículo. Aquella zona del acantilado apenas era practicable a pie. La luminosidad parecía no seguir una trayectoria rectilínea como lo haría un foco de luz o una linterna. Al parecer y según su descripción, aquella extraña luz manaba de lo alto del risco “hacia arriba” y se expandía en todas direcciones. Era potentísima. Le interrogué por la posibilidad de que se tratara de La Luna. Pero me dejó bien claro que aquella noche no había. El estupor y el miedo se apoderaron de V.M. y de su padre -“El corazón se me puso a cien”-. A punto estuvieron de recoger sus bártulos y salir corriendo. “Algo” les decía que aquello no era “normal”. Pero permanecieron allí, casi agazapados en aquel roque, durante un espacio de media hora. –“Luego, simplemente, se apagó.”- V.M. y su padre, aficionados como son a la pesca, acudieron en los días sucesivos a aquel lugar, con los ánimos renovados y tomando aquella curiosa circunstancia como una anectoda más. Aunque reconoce que miraban continuamente con cierto recelo hacia aquellos riscos. No volvió a ocurrir nada parecido. Eso sí, V.M. observó como las pardelas continuaron con sus característicos sonidos hasta el punto de resultar, en ocasiones, molesto. –“Me dieron ganas de mandarlas a callar”- me comentó V.M. a este propósito. Simple. Solo una luz. Pero que emanaba en si misma tanta extrañeza que llenó de inquietud el ánimo de padre e hijo. Y es justo esta simpleza de detalles en la historia la que, repito, le da credibilidad a la misma ¿De donde provenía aquella luz tan potente? Si se trataba de una broma ¿quién gozaría de tan poco juicio como para arriesgarse a sufrir un aparatoso accidente subiendo a aquellos acantilados en plena noche? Yo he escuchado personalmente el bullicio nocturno de la pardela cenicienta y sentido su particular costumbre de arrojar piedrecitas a los curiosos que se acerquen demasiado a sus nidos. Aquella noche ¿qué fue “aquello” que las hizo callar? Estoy absolutamente convencido de que mi estimado compañero no tenía conocimiento alguno del denominado “silencio cero”, que parece ser el preludio en ciertas manifestaciones del fenómeno OVNI. Simple. Solo una luz. Y un reguero de preguntas a su paso. Y otras tantas se agolpan ahora en mi cabeza que, estoy seguro, para la sagacidad de un investigador avezado resultarían indispensable responder. ¿Qué ocurrió los minutos sucesivos al “apagado” definitivo de aquella luz? ¿Continuaron con su cantina habitual las aves marinas? Incluyendo a nuestra cenicienta protagonista, en el archipiélago canario habitan 11 de las 24 especies que anidan en todo el territorio español. ¿El silencio era absoluto? ¿Y el rumor del mar? ¿Se marcharon los protagonistas inmediatamente después de lo sucedido? Y quizá cien preguntas más que, por mi lógica falta de formación, no llego a concebir. No me justifico, pero mi papel fue solo el de confesor. Pero percibir en la mirada de quien te cuenta como revive los hechos, activa un resorte en tu interior. Empatía, quizá. Y por ello lo cuento, como si yo mismo lo hubiera vivido. Imagenes de Pardelas Cenicientas tomadas del blog Aves de Lanzarote propiedad de Juan Sagardía, Francisco Javier Garcia Vargas y Antonio Unquiles
by Mª José Pérez Esta historia me la contó una amiga hace ya algunos años, me impacto en su momento y la guarde en mi memoria. Hacia poco que habia conocido a esta persona y, un dia le comente que tenia cierta afición por la parapsicologia y los temas ocultos. Entonces ella me contó la historia que os voy a relatar en primera persona, tal como ella me contó a mi, tal como yo lo recuerdo. Esto que te voy a contar nunca jamás se lo he contado a nadie, nunca lo he comentado, ni a mi familia ni a mis amigas, ni a mis hijas, nunca lo he vuelto a hablar ni a comentar con nadie. Cuando yo era joven, antes de casarme, trabajaba en una fabrica junto con mas compañeras. Una de ellas salía con un chico y se quedó embarazada, la pobre chica fue rechazada por el novio y por su propios padres que la echaron de casa y tuvo que irse a vivir a casa de su abuela, sin dinero, sin cariño, sin nada… Yo que también tenia mi novio, el que ahora es mi marido, pues al tiempo también me quedé embarazada, pero a diferencia de mi amiga, en mi casa todo se aceptó bien y mi novio se convirtió en mi marido y el padre de mis hijas. Como es normal la gente me hacia regalitos para el bebé. Poco a poco amigas, familia, vecinas, me iban regalando ropita y detalles para mi futuro hijo. Por aquel entonces yo vivía todavía en casa de mis padres y había una vecina que yo siempre había considerado una verdadera bruja. Era una mujer mayor, muy gruñona y amargada, chafardera, mal encarada y que siempre andaba maldiciendo. Y, para mi sorpresa, esta mujer apareció en mi casa con un regalito para mi bebé, unos peucos. Los guarde en el cajón donde iba guardando toda la ropita para el bebe, pero cada vez que abría ese cajón, como cualquier futura mamá, con la ilusión de ver lo que en poco tiempo le pondría a mi hijo, la angustia se apoderaba de mi, y solo veía esos patucos, como una amenaza. -Son los peucos de un niño enfermo! -Mi hijo se va a morir, Dios mío, esos peucos son de un niño enfermo. No podía pensar en otra cosa, me ponía enferma y me deshacía en lagrimas cada vez que veía aquellos peucos. Mientras tanto, mi amiga no lo estaba pasando demasiado bien. Ella no tenia de nada para su bebé, había alquilado un piso y no tenia muebles ni nada, así que las compañeras de la fabrica decidimos regalarle algo cada una para su hijo, y mis padres, que hacia poco habían cambiado los muebles de casa, pues le dieron algunos de los que habían retirado. Yo entonces vi mi oportunidad, y le regalé aquellos peucos que tan mala sensación me daban. Lo hice con la mejor intención, a la vez que me quitaba ese peso de encima, le daba a ella algo para su bebé, nunca le desee ningún mal. Pasó el tiempo y ella tuvo a su hijo, y muy feliz y agradecida vino a casa visitarnos. Llevaba los peucos puestos, era un niño sano y precioso. Recuerdo que eso fue un sábado, el lunes no apareció por el trabajo, ni el martes… Nos dijeron que su bebé había muerto, que se había puesto malito de repente, que lo llevó corriendo al hospital con mucha fiebre pero que… murió. Y yo volví a acordarme de aquellos peucos. Dios mío, no puede ser! Fui al entierro con mi familia y mis compañeras, quise acercarme a mi amiga, darle el pesame, pero ella me miró con odio y me dijo unas palabras que jamás olvidaré: -Aléjate de mi, tu has matado a mi hijo.
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